Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de julio de 2015

Pradera


Pradera - Acantha Lehrer
Cuento completo

El paisaje era hermoso, ella iba descalza con aquel con aquel vestido verde. El viento soplaba fresco y ella no paraba de dar vueltas y reír. Cada tanto trastabillaba o caía presa del mareo, pero volvía a incorporarse y a bailotear sobre la hierba con la brisa agitándole el cabello.
El por su parte se limitaba a observarla pero le era divertido y no podía hacer más que sonreír; su atuendo discordaba con el de ella, que iba ataviada con aquel suelto vestido, él llevaba un traje negro que irradiaba formalidad a juego con la camisa negra y la corbata roja.Pero ella pensaba que le iba bien y que se veía guapo.
El podía percibir lo que ella sentía, era pura felicidad, pegadiza y tan escurridiza que no pudo evitar contagiarse; sobretodo cuando ella lo miró, con el cabello revuelto y tratando de equilibrarse. Sus sonrisas se cruzaron con sus miradas y él solo pudo tenderle la mano para que no cayera.

FIN.

sábado, 27 de junio de 2015

El mejor amigo de un muchacho - Isaac Asimov

El mejor amigo de un muchacho - Isaac Asimov
Cuento completo.

-Querida, ¿dónde está Jimmy? -preguntó el señor Anderson.
-Afuera, en el cráter -dijo la señora Anderson-. No te preocupes por él. Está con Robutt... ¿Ha llegado ya?
-Sí. Está pasando las pruebas en la estación de cohetes. Te juro que me ha costado mucho contenerme y no ir a verlo. No he visto ninguno desde que abandoné la Tierra hace ya quince años... dejando aparte los de las películas, claro.
-Jimmy nunca ha visto uno -dijo la señora Anderson.

sábado, 11 de abril de 2015

Locura

Locura - Viana Rocagrís

Cuento completo

Pasillos serpenteantes, criaturas reptantes arrastrándose en la penumbra de habitaciones deshabitadas. Las puertas se abren con un chirrido de bisagras y el piso de tablas cruje bajo sus pasos. El terror es una bruma en el aire y los gritos se paladean con sabor a noche. Lo peor de todo es la sonrisa, aquella mueca burlona que deforma las facciones y hace parecer que sus ojos saltarán en cualquier momento de sus órbitas.
 Y entonces el sujeto despierta, pero no de un sueño puesto que no ha estado durmiendo, no se inmuta al volver a ver la organizada oficina en la que se encuentra. El sujeto lleva traje y corbata, sentado frente a una mesa y sosteniéndole la mirada a su jefe, o al que lo será si pasa la entrevista de trabajo. Hace memoria de los últimos minutos en aquella estancia y se da cuenta que ha estado respondiendo preguntas con sorprendente facilidad. El otro hombre parece satisfecho y el sujeto sabe probablemente conseguirá el cargo, la entrevista esta a punto de acabar y por un par de segundos vuelve a perderse en el laberinto de habitaciones y criatura del que acaba de volver pero se esfuerza en permanecer en la oficina porque realmente necesita el trabajo.

domingo, 22 de febrero de 2015

El retrato oval - Edgar Allan Poe


El retrato oval
Edgar Allan Poe

 El castillo en elcual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. 

sábado, 21 de febrero de 2015

Como caer por un precipicio - Anthony de Mello

Como caer por un precipicio
Anthony de Mello

Al turista, que daba muestras de ser un tipo bastante asustadizo, le daba miedo acercarse al borde del acantilado.
<<¿Qué debería hacer>> le preguntó al guía, <<si tuviera la desgracia de precipitarme hacia bajo?>>
<<Si eso ocurriera, señor>>, dijo el guía lleno de entusiasmo,<< no deje de mirar a la derecha: ¡le encantará el panorama!>>

FIN

domingo, 1 de febrero de 2015

La pata de mono - W.W Jacobs

La pata de mono - W.W Jacobs
Cuento completo

I
La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.
-Oigan el viento -dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.
-Lo oigo -dijo éste moviendo implacablemente la reina-. Jaque.
-No creo que venga esta noche -dijo el padre con la mano sobre el tablero.
-Mate -contestó el hijo.

Asnos estupidos - Isaac Asimov

Asnos estupidos - Isaac Asimov
Cuento completo

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.
En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.
-Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!
-Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
-Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
-Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son?

Continuidad de los parques - Julio Cortazar

Continuidad de los parques- Julio Cortazar
Cuento completo

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles.
Red Rose